La entrada en Priego viene precedida por los maravillosos paisajes que la rodean, señalando de esta forma el Pico de la Tiñosa, máxima altitud de la provincia y por tanto del Parque Natural de las Sierras Subbéticas. Aunque Priego es llamada "capital del Barroco Cordobés", nadie puede negar sus orígenes musulmanes, quedando claros testimonios en su Castillo, su barrio de la Villa y Adarve. Callejear por tanto por estos lugares nos permitirá respirar aromas medievales.
Ejemplos del barroco en esta ciudad serán la Iglesia Parroquial de la Asunción, de origen gótico mudéjar, que tiene en su sagrario, obra de Pedrajas, uno de los máximos exponentes del barroco. Destacamos a su vez, la iglesia de la Aurora y la iglesia de San Francisco, templo que en su interior guarda la venerada imagen de Jesús Nazareno, gran protagonista en la Semana Santa prieguense. A su vez, señalamos la iglesias barrocas de las Mercedes y las Angustias. Otros templos de interés son San Pedro y el Carmen.
En arquitectura civil sobresale la Fuente del Rey, compuesta por tres estanques y con la imagen de Neptuno rodeada de 139 caños; junto a ella encontramos la Fuente de la Salud. Y es que Priego es un continuo fluir de fuentes y manantiales. En esta parcela arquitectónica señalamos las diversas casas y palacetes señoriales que engalanan las calles céntricas, como la calle Río y la Carrera de Álvarez.
La arquitectura popular llega a su máxima expresión con el Barrio de la Villa, armonioso cuadro de cal y flores de encantadora plasticidad.
La ciudad cuenta con la oferta cultural además de varios museos como su Museo Arqueológico, las exposiciones continuas ubicadas en las Carnicerias Reales -antigua lonja del siglo XVI de estilo manierista- , así como el museo-casa natal de Niceto Alcalá Zamora (presidente de la II República Española). No debemos olvidar una ruta por sus aldeas. Barrio de la Villa:
Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1972. Como su nombre nos descubre, es el núcleo urbano originario del Priego actual.De inspiración claramente medieval y musulmana, es hermano de los barrios andaluces más típicos, como el Albaicín granadino o la Judería de Córdoba. Sus calles son sinuosas, blancas y estrechas, formando una perfecta conjunción de armonía y belleza, de flores, de paz y sosiego, de cal y piedra.
Aunque invitamos al caminante a perderse en sus laberintos y estrecheces, recomendamos un recorrido que partiendo de la Plaza de Santa Ana recorra la calle Real hasta llegar a la Placita de San Antonio, bella y recoleta, continuar por la calle Jazmines, para cruzando de nuevo la calle Real salir por el Bajondillo hasta el Adarve, balcón abierto al paisaje andaluz que abraza y circunda el Barrio de la Villa. Tajo natural de considerable desnivel, ha garantizado la inexpugnabilidad de Priego, por este lugar, a lo largo de su historia. Tres fuentes emanan continuamente, dispuestas a saciar la sed del caminante. Y allá abajo, el río y sus fértiles huertas, la sierra, el olivo...