A primera vista, sorprende la similitud de estas escarpadas serranías con los macizos montañosos del norte peninsular, sobre todo con los Picos de Europa. Su proximidad al mar, sus importantes cotas (El pico Maroma, techo del parque, se eleva hasta los 2.068 m) y la sucesión de agudas crestas y profundos barrancos contribuyen a esta analogía.
Territorio marginal y marginado, que algunos bautizaron como la trastienda de la Costa del Sol, la docena de municipios que aportan territorio al parque se ha mantenido al margen de las rutas mas trilladas por el turismo de naturaleza.
En su vertiente malagueña, el parque constituye la espina dorsal de la comarca de la Anarquía (al-Sharquiyya, “el Oriente” para los árabes), bastión irreductible de la cultura mudéjar que aun hoy se manifiesta en la arquitectura de pueblos como Salares, Canillas del Aceituno o Frigiliana.
Del lado de Granada, estas sierras con el contraste físico de los fértiles campos de Alhama, en los que se cultivan olivos y cereales. Ocho municipios malagueños (Nerja, Frigiliana, Cómpeta, Canillas de Albaida, Salares, Sedella, Canillas del Aceituno y Alcaucín) y cuatro granadinos (Alhama de Granada, Arenas del Rey, Jayena y Otívar) aportan territorio al parque.
El macizo, en su conjunto, enlaza las sierras malagueñas con la vecina Sierra Nevada, actuando como pieza imprescindible de la dorsal que forman las montañas béticas. Un pasillo natural escasamente alterado, del que se sirven algunas especies como la ardillas común, que en poco mas de dos años ha colonizado estas serranías de un extremo a otro.
Fotografías: Amanecer, Panorámica desde Maroma-Navachica, Paraje de la Solana de Diego, Piornal, Tejo (Taxus baccata)