A escasos kilómetros del mar mediterráneo, donde la atalaya de Almuñecar vigila sus remansadas costas, se encuentra la localidad de Otívar, puerta de acceso litoral al Parque Natural de las Sierras Tejeda y Almijara. Si bien el paisaje costero es abrupto y escarpado, surgiendo de repente sobre aquellas tranquilas aguas marinas, solamente puede considerarse una ligera aproximación al que el visitante encontrará a escasa distancia de allí, donde se torna plenamente salvaje y espectacular, provocando sensaciones dificiles de encontrar en otro lugar.
A través de un serpenteante valle fluvial dominado por prominentes cerros de perfiles alomados que la agricultura más reciente ha poblado de arboricultura tropical, configurándoles de un aspecto arbolado y frondoso, se llega hasta Otívar. Una vez pasado el pueblo, a una distancia de unos tres kilómetros se abandona la carretera asfaltada, incorporándonos por la izquierda al camino rural que nos llevará a la entrada del cañón, una vez recorrido otro tramo de igual distancia.
A partir de aquí, se abre un mundo de roca, agua y vegetación que estremecerán los sentidos del visitante. Los abruptos acantilados parecen ser obra de talla a manos de gigantes que vigilan el recorrido. Ya se adivina al llegar al puente de hierro, donde dos imponentes paredes flanquean ambas orillas del río. Olores y sonidos nos aturden, el corazón se encoge y el cielo se dibuja mil veces quebrado por los perfiles de la roca, mucho más alto que de costumbre.
A un lado del camino, aún practicable en vehículo ligero, discurre el cauce del río, muchas veces seco por la captación de sus aguas que se hace un poco más arriba. En el margen opuesto, un magnífico bosque de boj aún se resiste a desaparecer, cobijado hasta hoy por la roca y la elevada humedad de la zona, frente a incendios, sequías y otras alteraciones frecuentes en el entorno.
Un poco más arriba, al pasar la captación por la que el río se pierde en un canal artificial, el cambio es radical. En el lugar llamado "junta de los ríos", confluyen el barranco de las chorreras, por la derecha y el barranco del Nacimiento por la izquierda. El caudal del río es aquí inusualmente abundante y permanente aún en años de escasez.
El barranco del Nacimiento, que queda en la parte izquierda es practicable con vehículo todo terreno hasta casi su parte final. También discurre por su cauce mucha agua, pero su perfil longitudinal no resulta tan espectacular como el otro cañón, ahora bien, las vistas son más abiertas y el paisaje de cantiles es igualmente singular y asombroso.
El cañón de río verde propiamente dicho es el que los lugareños conocen como barranco de las chorreras. Aquí el caudal de agua es inusualmente abundante. Esto se combina con unas angostas cerradas donde las paredes rocosas de ambas laderas casi llegan a tocarse. Además, la roca es mas masiva que los característicos mármoles sacaroideos de las sierras alpujárrides (de las que las sierras de Cázulas y Almijara constituyen uno de sus mejores ejemplos) en los que la kakiritización (modo singular en que se descompone la roca, generando arenas y gravas) facilita la fragmentación.
Estos factores en conjunción, generan uno de los mejores ejemplos de aguas bravas de toda la Península y sin duda, el más singular de Andalucía, dando lugar a una atracción para el descenso de cañones, que es demandada por deportistas de todo nuestro país.
Actualmente, se ha construido un sendero que permite recorrer todo el perfil del río, estando accesible de este modo al público en general si bien requiere cierto esfuerzo físico por las pendientes pronunciadas de algunos puntos concretos. La adaptación del camino a las irregularidades de la roca y la cuidada instalación de miradores y pasarelas se acomodan en el paisaje con un aspecto antiguo plenamente integrado que sin duda provocará el deleite del visitante.
Entre los elementos vivos de sus valores naturales, esta verde arteria de la sierra Almijara encierra el mejor ejemplo de vegetación laurifolia de la costa mediterránea oriental, aunque no llega a ser tan exhuberante y variado como en los canutos atlánticos de la costa gaditana o malagueña. El valle que encontramos con cultivos de aguacate, chirimoya, níspero y otros de origen tropical, no es sino continuación de este bosque, protegido por temperaturas suaves y unas condiciones de humedad próximas a las de aquellos lugares.
Lo más señalado y exclusivo de esta área, es la presencia de especies que exigen altos niveles de humedad. En primer lugar destaca la abundancia de helechos, tanto especies pequeñas de carácter rupícola que revisten las paredes húmedas y rezumantes como otras de frondes grandes, derivadas igualmente de aquellas que surgieron durante la era Terciaria. Pteris vittata L. es la especie más singular de todas ellas.
Abundan aquí ejemplares de boj (Buxus balearica Lam.) de porte casi arbóreo, con densidades y frondosidad fuera de lo común. Esta especie, de reducida presencia en la Península Ibérica tiene en la Sierra Almijara su límite más occidental. Otras especies características son el durillo (Viburnum tinus L.), el madroño (Arbutus unedo L.) y el labiérnago (Phillyrea angustifolia L.), que forman densas manchas de vegetación conforme nos retiramos del eje del barranco por el que discurren las aguas. Tales especies, de escasa presencia en otros puntos del Parque Natural, son aquí las dominantes en el paisaje. Es preciso señalar también la presencia del arrayán o murta (Myrtus communis L.), la única especie espontánea representante de su familia en nuestro territorio. En este recorrido se encuentra con frecuencia, con ejemplares de varios metros de altura, siendo el único lugar donde aparece en el Parque Natural. Estos matorrales húmedos y umbríos, son también el ambiente óptimo para el desarrollo de algunas especies trepadoras como madreselvas (Lonicera implexa Aiton), clemátides (Clematis vitalba L.) o la nueza negra (Tamus communis L.).
Otras especies que merece la pena destacar, son los brezos. Especies, por lo general, propias de suelos no carbonatados, existen varias que toleran la presencia de cal en el sustrato, encontrándose aquí Erica terminalis Salisb., Erica erigena R.Ross. y Erica multiflora L. El palmito (Chamaerops humilis L.), única palmera nativa del continente europeo tiene también una amplia representación. Otras especies rupícolas de porte herbáceo son igualmente interesantes, muchas de ellas endémicas de este tipo de roquedos y pueden encontrarse con frecuencia. Destacan especies de los géneros Sarcocapnos, Pinguicola, Campanula, Saxifraga, Centaurea y Linaria entre otras.
Entre las especies arbóreas, lo más destacable es la abundancia del algarrobo (Ceratonia siliqua L.), lo que confirma nuevamente las condiciones termófilas de la zona.
De la fauna, lo más destacable son las aves, sobre todo por ser fácilmente detectables durante las horas diurnas. La mayor parte de las especies asentadas aquí son especialistas en vivir entre el roquedo, por lo que resultan ciertamente singulares y difícilmente encontrables fuera de él. Entre las de mayor tamaño destacan las aves de presa, unas diurnas como el águila real (Aquila chrysaëtos), el águila perdicera (Hieraaetus fasciatus), el águila culebrera (Circaetus gallicus), el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) y otras nocturnas como el búho real (Bubo bubo) y el cárabo (Otus scops).
Otras menores, pero más abundantes y tal vez menos generalistas son el roquero solitario (Monticola solitarius), el roquero rojo (Monticola saxatilis), las collabas negra (Oenanthe leucura), rubia (O. hispanica) y gris (O. oenanthe). En las choperas y sotos de los márgenes se escucha el canto de la oropéndola (Oriolus oriolus) y del ruiseñor (Luscinia megarhynchos) y en el propio cauce es fácil encontrar aves fluviales como la lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) o el mirlo acuatico (Cinclus cinclus).
Por su parte los mamíferos son más escasos a la vez que menos detectables dadas sus preferencias de actividad nocturna. El atractivo principal lo constituye contemplar la cabra montés (Capra pyrenaica Schinz.), dominando con soltura y agilidad estos acantilados rocosos. Este endemismo ibérico mantiene por el momento una importante población en el Parque Natural. También es fácilmente localizable la ardilla (Sciurus vulgaris L.), a veces entre árboles y en ocasiontes en el suelo o entre los riscos. Otros de hábitos cazadores como garduñas, ginetas, turones, tejones y gato montés son frecuentes en la zona, pero dificiles de ver por sus costumbres nocturnas.
En conjunto, el visitante puede encontrar una enorme variedad de rincones de enorme singularidad paisajística con una flora y fauna que le confieren un valor natural prácticamente exclusivo en el ámbito del territorio andaluz. Su inclusión en el Parque Natural "Sierras Tejeda, Almijara y Alhama" es un reconocimiento del mismo, cuyo fin principal es la compatibilización de su conservación con su aprovechamiento como recurso natural.
El acceso al sendero es regulado, con objeto de tener conocimiento sobre el número de visitantes, evitar el deterioro de la zona y contribuir a su conservación.
Información: Ilmo. Ayuntamiento de Otívar; Tfno. 958-64.50.01
D.P. Consejería de Medio Ambiente Granada; Tfno. 958-02.60.00
Dirección Parque Natural; Tfno. 951-04.00.58