Partiendo del Area Recreativa de Gibralberca, con sus centenarias encinas, donde también vemos álamos blancos y álamos negros, tomamos el camino que circula junto a especies colonizadoras propias del matorral mediterráneo, como el enebro de la miera, la retama y la aulaga. Más adelante, la presencia de espino albar nos indica buenas condiciones de humedad edáfica.
Llegando a la "Huerta del Moro", una superficie llana en la que se realizó una repoblación de pino resinero, y a lo largo del camino que la rodea, podemos apreciar la presencia de serbales, encinas, quejigos y arces de Montpellier, bajo los cuales se encuentran especies que requieren sombra como el musgo y trepadoras propias de bosques cerrados como la madreselva y la hiedra.
Siguiendo el sendero encontramos una nueva repoblación de pino carrasco, junto a zonas de encinar en recuperación tras siglos de tala continuada para el carboneo. Tras años de abandono de este encinar, en que los nuevos ejemplares crecían débiles debido a la sobre densidad, compitiendo por agua, luz y suelo, hoy día se está alcanzando poco a poco, mediante sucesivos clareos controlados, que se acerque a su estado de madurez.
Desde este lugar, que es un buen punto de observación del paisaje, pueden apreciarse varios picos de la sierra, tres de los cuales superan los 2.000 metros de altura: Almadén, Pico Mágina y Ponce, y superando los 1.900 el Serrate o Serrezuela. Observándolos de arriba abajo podemos diferenciar los distintos pisos de vegetación, la parte más alta, desarbolada, sólo se aprecian grandes manchas verdes y rastreras que corresponden a enebros y sabinas de alta montaña. Sobre este piso existió un arbolado abierto de pinos laricios y silvestres que, por intervención humana, desaparecieron casi completamente, apreciándose sólo al Este de nuestra panorámica. Por debajo de este piso está el propio de acerales y quejigales o de encinares de poco porte, apreciándose muy bien en el Almadén, al Oeste de nuestra vista. El piso inferior se caracteriza por la presencia de encinas en lugares de suelo profundo y más umbríos y pinos carrascos en exposiciones de solana o en suelos secos y drenados. Por otro lado, desde esta posición elevada no es infrecuente la observación de aves rapaces, especialmente ejemplares de águila real.
Camino abajo llegamos a la Umbría de Cano que, con sus magníficos quejigos muestra que la vegetación propia de estas umbrías fueron los bosques de caducifolios, por lo que, una vez mitigada la presión humana, estas formaciones vegetales han comenzado a rebrotar.
Durante el recorrido son frecuentes las señales de zorros y garduñas, viéndose también algunas señales de conejos y jabalíes. Entre las aves es habitual el arrendajo, así como otras de ambiente típicamente boscoso, como el carbonero común, el herrerillo común y el pinzón.
Bajando el camino hasta llegar a un cruce, casi en la misma carretera y tomando la dirección que asciende, nos dirigimos hacia nuestro punto de partida atravesando olivares.