Partiendo desde el patio del centro se inicia la red de senderos que se adentra en la zona y que se compone de dos recorridos peatonales distintos y complementarios.
Su trazado, paralelo a la laguna de la que toma su nombre, permite llegar a siete observatorios desde los que descubrir a la fauna acuática que frecuenta estas zonas húmedas.
La importancia de Doñana en el contexto internacional se debe, entre otros aspectos, a su riqueza ornitológica. El Parque Nacional de Doñana está declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) desde 1988, no sólo por la cantidad de especies que alberga sino por su estatus de conservación y el número de sus poblaciones.
La laguna del Acebuche es uno de los mejores enclaves para la observación de aves. Se trata de una formación palustre permanente que, tras sufrir un proceso de desecación en los años cincuenta del pasado siglo fue recuperada y reacondicionada para representar diversos ambientes acuáticos y terrestres. Durante los periodos en que las marismas y otras áreas húmedas se secan, el Acebuche acoge a las aves que permanecen en estas latitudes, constituyendo un refugio fresco en la aridez del territorio.
Le recomendamos que alerte sus sentidos y permanezca en silencio. Descubrir a la avifauna de la laguna requerirá atender a los movimientos de la vegetación, a sonidos y cantos, a cambios de formas y colores... A lo largo del sendero encontrará diversos elementos que hacen referencia a usos tradicionales, algunos ya desaparecidos, que los habitantes de la zona hacían de los recursos que les ofrecía el territorio. Preste atención también a la tipología constructiva de los observatorios; antaño, chozas similares a éstas, construidas con vegetación palustre, eran las viviendas habituales de numerosos trabajadores y sus familias.