La Ruta de W. Irving constituye una arteria vital de las rutas de al-Andalus: enlaza, tocando tierras de Málaga, Sevilla y Granada, dos capitales deslumbrantes, dos ciudades esenciales de la civilización hispano-musulmana. El itinerario revive, poco más o menos, el camino que hizo en 1829 el romántico escritor norteamericano que da nombre a la ruta, fascinado por el exotismo y la exuberancia de los vestigios «árabes» de Andalucía. Un camino histórico que, en la Edad Media, sirvió de importante vía comercial entre el reino nazarí de Granada y los dominios cristianos. Una ruta marcada, por tanto, con un carácter netamente fronterizo, que lleva de las tierras bajas a orillas del Guadalquivir a las vegas circundadas por montañas en las inmediaciones de Granada. En su trayecto, a lo largo de las provincias de Sevilla, norte de Málaga, por Antequera, y Granada, se incluyen extensos pueblos de la campiña y enriscadas villas a los pies de alcazabas y castillos, localidades que atesoran una riqueza monumental extraordinaria en medio de espacios de gran interés y diversidad paisajística y natural. Los usos, costumbres y tradiciones que animan la vida de estos pueblos, en los que la agricultura es la principal actividad, ofrecen un aliciente adicional para un fascinante viaje. El tono legendario del recorrido se acentúa, además, al atravesar comarcas que en el pasado siglo destacaron por la presencia de contrabandistas y bandoleros como los famosos Siete Niños de Écija y José María El Tempranillo. La ruta transcurre entre Sevilla y Granada, distantes unos 250 kilómetros, a lo largo de un trayecto que se ajusta, básicamente, a la autovía A-92. A partir de Sevilla, se dirige en primer lugar a Alcalá de Guadaira, acerándose después a Carmona, Marchena y Écija, para volver de nuevo a la A-92. Tras rebasar Osuna, Estepa, La Roda de Andalucía, Fuente de Piedra, Humilladero y Mollina, entra en la vega de Antequera. Atraviesa luego Archidona, Loja y Huétor-Tájar. Desde Moraleda de Zafayona, se desvía para visitar Alhama de Granada, al sur. Al norte de la A-92, asciende hasta Montefrío e Íllora, retornando por Fuente Vaqueros y Chauchina al eje de ruta, que culmina en Santa Fe y Granada Musulmana, barroca, popular... El considerable patrimonio monumental de las poblaciones de esta ruta ofrece, en primer lugar, una extraordinaria selección de arquitectura hispano-musulmana. Su rastro se prolonga luego a través de obras mudéjares, barrocas y de la arquitectura popular que fundamentan el elevado número de conjuntos de interés histórico-artístico que jalonan el camino. Junto a las excepcionales muestras del arte musulmán de Sevilla, con la Giralda y el Alcázar, y Granada, la ciudad de la Alhambra y su corte de valiosos restos, en las villas y ciudades de esta ruta aparecen edificaciones no menos excepcionales; castillos y fortalezas, como los de Alcalá, Antequera o Loja, mezquitas como la de Archidona, baños como los de Alhama de Granada, de magnífica conservación. El mudéjar y el barroco exhiben aquí innumerables obras maestras: iglesias con torres que recuerdan alminares de mezquitas, templos de tupida decoración con armaduras y yeserías que evocan oficios de raigambre musulmana, palacios, edificios públicos, etc. Compartiendo elementos comunes a las tradiciones musulmana, mudéjar y barroca, surge una arquitectura popular sencilla y noble, presente en las construcciones urbanas y en las haciendas, cortijos y caserías del camino. Paisaje... El camino pasa de las ondulaciones de la campiña sevillana a un terreno más quebrado, a partir de Estepa. Singular interés revisten en estos tramos las lagunas que salpican los campos, destacando especialmente la de Fuente de Piedra. Las sierras, con las caprichosas formaciones calcáreas del Torcal de Antequera, se suceden flanqueando la cadena de vegas que lleva a Granada Washington Irving... El protagonista de la ruta, escritor y diplomático norteamericano (1783-1859), es el prototipo de viajero romántico. Seducido por Europa, quedó cautivado por el «exotismo» de Andalucía. En 1829 hizo el camino entre Sevilla y Granada, donde residiría algún tiempo. Sus andanzas dieron como fruto varias obras de tema hispano árabe, entre las que destacan sus celebérrimos Cuentos de la Alhambra, que tanto contribuyeron a la imagen romántica de Andalucía