La gastronomía andaluza tiene profundas huellas de la cocina árabe de Al-Andalus. Su refinamiento, desconocido en Europa, transformó muchas costumbres. Fueron los andalusíes los que crearon la sala de comer o comedor y el actual orden de servicio de los platos. Los romanos enseñaron a Andalucía a cultivar el trigo y la vid, y utilizaron los pescados de sus mares para producir el mejor “garum” del imperio. Los árabes enseñaron a cultivar la huerta, implantaron regadíos y perfeccionaron el cultivo del olivo y la producción de aceite. Además, griegos, fenicios, cartagineses y visigodos dejaron su impronta en el arte, la ciencia, la cultura y la gastronomía andaluzas. La diversidad de tierras y climas hacen de Andalucía una región variadísima en la producción de alimentos. Serranía, campiña y costa es la clasificación tradicional de sus tierras, pero no suficientemente descriptiva, porque tiene montañas secas y otras que registran la mayor pluviosidad de España, porque en la campiña se mezclan las llanuras cerealistas, las suaves laderas olivareras y la feraz huerta de las vegas y porque las costas, atlántica y mediterránea, presentan diferencias importantes en su oferta pesquera. Si el futuro de las cocinas está en la disponibilidad de buenas y variadas materias primas, Andalucía tiene unas excelentes perspectivas para convertirse en un modelo culinario. Si a ello unimos la tradición gastronómica la imaginación y la moderna técnica, la cocina andaluza que ya se admira, alcanzará en un futuro muy próximo un nivel insospechado.