Sobre una loma, rodeado de encinas y olivos, se sitúa este restaurante que preside unas magníficas vistas hacia la umbría de la
Sierra de Gádor
y hacia los próximos
Benecid
y Fondón
, lo que provoca que una comida en
La Marmita de Ahlam
sea un placer no sólo para el paladar sino también para la recreación de la vista.
El restaurante es un ejemplo de
arquitectura bioclimática
por la orientación hacia el sur de sus grandes ventanales y una especie de claraboyas en el techo que aprovechan al máximo la luz solar. Sus muros, de piedra roja de casi un metro de espesor, lo aislan tanto del calor veraniego como de los fríos invernales. Se ha creado un establecimiento basado en los cuatro elementos como es la piedra, el metal y la madera. El cuarto, el fuego está representado por esa luz solar tan bien aprovechada para ahorrar el máximo de energía. Alham significa sueño, y así ha sido cómo se ha visto cumplido el de Emelina López, que regenta este peculiar establecimiento y que buscaba un entorno natural para su ubicación.